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Ser mujer en unos de los países más desigualitarios del mundo: del Antiguo Egipto a la actualidad

Entre el bullicio de El Cairo, la segunda ciudad más poblada del continente africano después de Lagos en Nigeria, la joven Nathifa (nombre ficticio para mantener su anonimato) está sentada en una terraza. Con una Coca-Cola en mano y un cigarro en el otro, la joven acaba de terminar sus clases diarias en la Facultad de Artes. Nathifa llegó a la ciudad hace un par de años desde Alejandría. Ella probó suerte y su familia, que no ha caído ante la legislación patriarcal más reciente, dejó que la joven migrara para enriquecer sus estudios.

 

“El Cairo no es una ciudad fácil, mucho menos para las mujeres”, cuenta Nathifa. En 2017, un informe de la Fundación Thomson nombró a la capital egipcia como la ciudad más peligrosa del mundo para las mujeres. Es más, alrededor del 99% de las mujeres residentes allí aseguraron haber sido acosadas sexualmente. “Es raro que una mujer vaya sola por la calle y cuando lo hace, se clavan todas las miradas en ella”, añade la joven.

 

La opresión no solo está en las calles, ni en las instituciones públicas, también en las plataformas digitales y en las redes sociales. Desde finales de abril de 2020, las autoridades egipcias han llevado a cabo una campaña abusiva contra mujeres influyentes en las redes sociales, acusándolas de violar sus derechos a la intimidad, la libertad de expresión y la no discriminación, según Human Rights Watch. Las consecuentes detenciones se produjeron en el contexto de la campaña #MeToo en las redes sociales, en la que decenas de mujeres egipcias denunciaron en plataformas como Instagram, Twitter y Facebook sus experiencias de violencia de género, agresiones y violaciones.

 

“El Cairo no es una ciudad fácil, mucho menos para las mujeres”, cuenta Nathifa.

El papel de la mujer en el antiguo Egipto

 

A pesar de que, durante el antiguo Egipto, la mujer media se centraba en el papel tradicional de esposa y madre, vemos que hay un retraso en la importancia de esta en el resto de la sociedad, a través de sus derechos y obligaciones. Entonces, tenía los mismos derechos que los hombres en cuanto a la propiedad y en los juicios. Las mujeres de clases más altas podían alcanzar el mismo nivel de control y gestión empresarial de los hombres, a veces incluso gobernando el país y desempeñando un rol fundamental en los cultos religiosos.

 

Durante la época antigua, generalmente los hombres gobernaban el país, aunque en determinadas situaciones, las mujeres sí eran capaces de tomar las riendas. Normalmente gobernaban como reina cuando no había ningún candidato masculino apto para el trono. Fue el caso de Hatshepsut, una de las gobernantes egipcias más reconocidas. Ella gobernó Egipto cuando falleció su marido Tutmosis II y su hijo, Tutmosis III, era aún muy joven para ocupar el trono.

 

Las mujeres también desempeñaban un papel importante en el mundo religioso, especialmente durante el culto a la diosa Hathor. El papel más destacable de las sacerdotisas era el de la esposa del dios Amón. Aun así, el papel de las diosas solía reflejar el de las mujeres en la sociedad del antiguo Egipto. Entre las más famosas estaban Osiris, su esposa Isis y su hijo Khonsu.

En una civilización con más de 3.500 años de Antigüedad, las mujeres gozaban de notables grados de libertad. Las escenas que decoran las paredes de tumbas y templos, papiros y otros soportes del Egipto Antiguo muestran a mujeres implicadas en actividades diversas, hasta aquellos trabajos manuales que hoy son espacio para hombres.

 

Un progreso a trompicones

 

A nivel general, se han logrado algunos avances en los derechos de la mujer en Egipto y en las regiones de Oriente Medio y norte de África. En Egipto, el 17% de las mujeres de entre 20 y 24 años estaban casadas o en pareja antes de los 18 años, una cifra muy por debajo en comparación con otros años. En febrero de 2021, el 27,4% de los escaños del Parlamento estaban ocupados por mujeres.

 

Sin embargo, aún queda trabajo por hacer en Egipto para lograr la igualdad total de género. La tasa de natalidad adolescente es de 51,8 por cada 1.000 mujeres de 15 a 19 años en 2018, por debajo de las 59 por cada 1.000 de 2017. En 2018, el 15,1% de las mujeres de entre 15 y 49 años declararon haber sido objeto de violencia física y/o sexual por parte de una pareja actual o anterior en los 12 meses anteriores. Asimismo, las mujeres y niñas mayores de 10 años dedican el 22,4% de su tiempo al cuidado y trabajo doméstico no remunerado, frente al 2,4% que dedican los hombres.

La cara más machista, la legal 

 

Uno de los temas centrales en los que se centran las activistas egipcias por los derechos de la mujer es la Ley del Estatuto Personal (LSP), basada en la sharia, que regula el matrimonio, el divorcio, el compromiso, la tutela y la custodia. La PSL crea obstáculos para las mujeres, ya que da a los hombres poder sobre los acuerdos financieros en el divorcio, especialmente en lo que respecta a los hijos.

 

El PSL ha estado en el centro del debate sobre la mujer y el Islam en Egipto desde la época de Anwar el-Sadat, entre 1970 y 1981. En 1971, modificó la Constitución para incluir un artículo que declaraba la sharia como principal fuente de legislación gubernamental. 

 

Sin embargo, simultáneamente, las organizaciones feministas aumentaron la presión sobre el gobierno de Sadat para que reformara la LSP, pero nunca fue fructífero y la ley sigue debatiéndose hoy en día. El 13 de abril de 2022, el periódico egipcio Al-Ahram informó de que un nuevo borrador de la Ley del Estatuto Personal presentado por Nashwa al-Deeb, miembro de la Cámara de Representantes, establecía nuevas condiciones para la poligamia y los segundos matrimonios. Este proyecto llega después de que el año pasado se retiraran los proyectos de enmienda anteriores para su revisión, debido a la reacción contraria tanto de los grupos de defensa de los derechos de la mujer como de Al-Azhar, el principal centro de enseñanza religiosa suní en Egipto. 

 

Imágenes: Francisco Sarrió Volpi