Opinión

Aquí su dosis de androcentrismo y colonialismo, gracias

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Hasta que no comencé a estudiar el Máster en Estudios Feministas no fui capaz de darme cuenta de que, cada vez que leía un apellido en un texto, inconscientemente pensaba que su autoría era masculina. Los diferentes sistemas para citar en artículos científicos o libros no suelen contemplar el nombre, en mi caso, por ejemplo, sería “Tena Pérez, T.”, dejando a la percepción de las personas lectoras si esa T. corresponde a Tania o bien a Tomás. En ese momento mi mirada cambio, es decir, alguien me enseñó a leer diferente, a mirar distinto.

El otro día en el trabajo, estábamos tomando un café mientras compartíamos un estresante y habitual torbellino de ideas para una actividad pedagógica. Se trataba de hablar de ciencia cuestionando los estereotipos no sólo de género sino también raciales en coles e institutos. Conté esta anécdota en alto y una compañera, con la que comparto un firme compromiso de cambio,
volvió a hacer que me replantease la mirada. Ella había vivido la misma situación con los apellidos y las misteriosas iniciales de los textos que yo, sin embargo, su pensamiento la llevaba inconscientemente a asimilar que esas autorías correspondían a personas académicas blancas, hasta que, tras años de estudiar a un autor, se dio cuenta de que era un académico jamaicano
afrodescendiente.

Me di cuenta que, en ese “presuponer” autorías, todas las mujeres académicas que yo había imaginado tras las iniciales, eran blancas. Joder, otra vez. Me enfadé de nuevo con mi mirada, que
yo creía diversa, para volver a darme cuenta de todo el trabajo que me (nos) queda por delante.

El androcentrismo y el colonialismo en la creación de pensamiento son una realidad, conforman el discurso hegemónico y establecen las reglas del juego, no sólo en las autorías sino también en el contenido, en la manera de afrontar la propia investigación. Sólo vemos lo que hemos aprendido a mirar y si nos educamos en un sistema androcéntrico y colonial, normalizaremos un pensamiento y una mirada androcéntrica y colonial, y creeremos que es lo correcto. El match perfecto.

Esto, además de ser injusto, no responde a la verdad porque deja fuera a prácticamente el 80% de la población que, ¡sorpresa!, también investiga. Es decir, quedan fuera del discurso investigaciones muy valiosas pensadas por otras miradas, investigaciones que eligen otros objetos de estudio, que miran diferente y que crean diferente.

En ciencia, en carreras STEM, esto es vital. Y digo vital porque pienso que afrontar los retos sociales y ambientales que nos esperan depende, entre otras cosas, de que desde los diferentes ámbitos científicos, aprendamos a mirar con diversidad. Esto siempre implica una cura de humildad y una despedida de privilegios.

Pasado el luto, ¿cómo se consigue una Ciencia diversa? Amigx, la ciencia ya es diversa, sólo que no te estás dando la oportunidad de verla, de compartirla y, sobre todo, de ponerla en valor.