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Entrevista

Jaly Badiane: “La violencia de género sigue siendo un tema tabú en la sociedad senegalesa”

La activista por los derechos de las mujeres, periodista y formadora está dispuesta a todo para acabar con la ley del silencio que impone la sociedad a las mujeres.

Por Antonina Cupe

Según un estudio de la OMS, el 27% de las mujeres senegalesas de 15 a 49 años han sufrido violencia física. En el 55% de los casos, el agresor es el marido o la pareja. En el país de la teranga (hospitalidad en wolof) la violencia de género es la violación de los derechos humanos más extendida y, sin embargo, la menos visible. Según el mismo estudio, el 68% de las mujeres de entre 15 y 49 años víctimas de violencia nunca se lo han contado a nadie ni han buscado ayuda. Muchas tienen miedo a ser estigmatizadas. Y es que si hay un proverbio español que encaja a la perfección con Senegal, es el de los trapos sucios se lavan en casa.

Hablamos con Jaly Badiane, activista por los derechos de las mujeres y las niñas, periodista y formadora. Una mujer dispuesta a todo para acabar con la ley del silencio que impone la sociedad y que los medios de comunicación fomentan con títulos altamente sensacionalistas y contenidos que revictimizan.

 

¿En qué punto se encuentra la lucha contra la violencia de género en Senegal?

 

Hemos progresado porque nuestra labor de presión ha dado lugar a avances en el marco jurídico nacional y subregional, así como en la atención a las supervivientes. Sin embargo, aún queda mucho por hacer en algunos puntos clave, como el aumento de la edad legal para contraer matrimonio, la revisión del código de familia y la atención integral a las víctimas. También hay que señalar que el asunto político-judicial Adji Sarr – Ousmane Sonko* ha dañado los enormes esfuerzos que se han hecho durante años para dar voz y credibilidad a las víctimas y supuestas víctimas.

 

*En 2021, Ousmane Sonko, presidente del partido Pastef y firme opositor al presidente Macky Sall, fue acusado de violación por Adji Sarr, empleada en un salón de masajes. Sonko acusó al gobierno de conspirar para evitar su candidatura en las elecciones de 2024 y Adji Sarr tuvo que ser puesta bajo protección policial.

 

Usted trabajó en el informe de Human Rights Watch “No es normal: Explotación sexual, acoso y abuso en los centros de enseñanza secundaria en Senegal”. Esta investigación molestó al gobierno, pero puso de manifiesto un problema real. ¿Qué ha cambiado desde entonces?

 

El informe ponía de manifiesto un problema real, pero tabú y que no se abordaba en las principales causas de abandono escolar de las niñas, así como la realidad de la violencia de género en las escuelas, causada por el personal educativo. El Ministerio y los sindicatos de profesores se sintieron ciertamente molestos, pero nadie pudo invalidar las conclusiones de este informe, fruto de una investigación seria. Desde entonces, las cuestiones relacionadas con la violencia de género se tienen en cuenta en las escuelas e institutos a través de las unidades de género, y también hay programas y proyectos dentro de las escuelas que abordan esta cuestión de la violencia de género.

 

Usted también es consultora en redes sociales y formadora para programas de promoción de los derechos de las mujeres y las niñas a través de los medios digitales. ¿Son las redes sociales una herramienta esencial en la lucha contra la violencia de género?

 

Sin dudarlo, ¡la respuesta es sí! En un país como Senegal, las redes sociales se han convertido en una parte esencial de la labor de promoción, ya que la conectividad mejora año tras año, al igual que el número de personas conectadas, en particular los jóvenes. Estas plataformas se han vuelto virales, convirtiéndose en fuentes de información, educación, sensibilización, movilización e incluso alerta. Las víctimas/sobrevivientes utilizan cada vez más Facebook, Twitter, Instagram, etc. para denunciar, alertar y sensibilizar sobre la violencia de género, que sigue siendo un tema tabú en la sociedad senegalesa.

 

Las redes sociales llegan sobre todo a la población más joven, lo que es muy interesante en un país donde la edad media ronda los 19 años. Sin embargo, creo que es esencial un debate intergeneracional. ¿Tienen los medios de comunicación tradicionales un papel que desempeñar para que esto ocurra?

 

Los medios de comunicación tradicionales desempeñan un papel importante en un debate intergeneracional, pero también en la lucha contra la violencia de género en su conjunto, dado que más de la mitad de la población aún no está presente en las redes sociales. A través de programas regulares, los medios de comunicación tradicionales pueden contribuir a la lucha contra la violencia de género teniendo en cuenta la perspectiva de género a la hora de tratar temas relacionados con la mujer en los medios de comunicación.

 

“Los medios de comunicación tradicionales pueden contribuir a la lucha contra la violencia de género teniendo en cuenta la perspectiva de género a la hora de tratar temas relacionados con la mujer en los medios de comunicación.”

 

 

Desde que estoy en Dakar me he dado cuenta de que el wolof no es una lengua vernácula como yo pensaba, sino más bien una lengua franca. En cambio, ámbitos como la educación o la administración son exclusivamente en francés. ¿Influyen también las barreras lingüísticas en la lucha contra la violencia de género en Senegal?

 

Como se suele decir, el wolof es la lengua vinculante de Senegal, por lo que tenemos que adaptar nuestros mensajes y nuestro trabajo para que sean accesibles a las comunidades. Es una realidad que hay que tener en cuenta, aunque la respuesta aún no haya llegado tan lejos.

 

Hay una pregunta que formulamos a todas las periodistas que estamos entrevistando para este número especial 25N: ¿Cómo deben comunicar los medios de comunicación la violencia de género?

 

Es una gran pregunta. Para mí, lo primero que hay que hacer es sensibilizar a los periodistas y a los medios de comunicación sobre todas las cuestiones relacionadas con el género porque el desconocimiento de lo que engloba este concepto hace que la cobertura mediática de la violencia de género deje mucho que desear; ¿por qué no introducir incluso estos módulos en los planes de estudios para la formación de periodistas?