Editorial

Cerraremos el año con miles de personas asesinadas en las guerras, con portadas de periódicos y otros medios de comunicación llenas de imágenes de militares con armas y actitudes violentas, destruyendo indiscriminadamente todo lo que tienen a su alrededor. Hombres en pie de guerra que perpetúan el patriarcado.

En el otro lado, la población civil, con una gran mayoría de mujeres, de niñas y de niños, que ocupan las páginas de los periódicos y de otros medios de comunicación, como víctimas, como seres vulnerables y vulnerados, sin que se muestren sus resistencias a esas guerras ni el enfrentamiento a la muerte. Una vez más imágenes e imaginarios.

La realidad es que las mujeres están sosteniendo el mundo desde la defensa de la vida y de la paz, pero eso no se cuenta, porque la violencia sigue siendo el centro de la noticia y la forma de estar en el mundo. Una vez más reivindicamos la vida como el centro de todo, el cuidado como valor prioritario, la protección de la naturaleza y la construcción de una sociedad en paz, única vía de continuidad de la vida.

Reivindicaremos los derechos de las cuidadoras. Las reivindicaremos como protagonistas mientras denunciaremos su invisibilidad, las injusticias que viven, los peligros a los que están expuestas, la dureza de las vidas de quienes dejan atrás a su familia y su país, para ganarse la vida cuidando en otro lugar, la precariedad económica, el olvido, los prejuicios y el racismo.

El siglo XXI no puede seguir siendo un siglo de guerras ni de violencias de género ni económicas. Los avances tecnológicos no pueden estar al servicio del poder sino de la ciudadanía. Deben utilizarse para la construcción, la perdurabilidad de la paz y la igualdad, para ello los varones deben trabajar seriamente en la deconstrucción de las múltiples violencias que siguen formando parte de sus procesos de socialización en el patriarcado, trabajando junto a las mujeres para sostener la vida.