Editorial

Es el momento de ser valientes. Se acabó. Ya no se pueden tolerar más violencias, más humillaciones ni desprecios. Se acabó. La voz de todas las mujeres unidas ha conseguido transformar la realidad y poner freno y límites a aquellos machistas que campaban a sus anchas en el mundo del deporte.

Es sólo el principio, porque en los imaginarios queda todavía mucho para hacer realidad la igualdad. Sólo hay que escuchar a esos (esas) llamados periodistas o expertos (alguna mujer también) que sin saber de nada opinan de todo y hacen creer a una audiencia (por desgracia sin información suficiente) que son sabios y poseen un “conocimiento universal” (porque hoy hablan de deporte, ayer de ciencia y mañana vaya usted a saber).

Es el momento de ser valientes. Las que podemos serlo, porque son millones las mujeres que no pueden elevar la voz para ser escuchadas. Los regímenes totalitarios que desprecian, humillan y violentan a las mujeres, sólo por serlo, siguen siendo una realidad en el año 2023, y no parece que ello va a cambiar. Tampoco podemos olvidar que en España han sido asesinadas muchas mujeres, un número insoportable, por el hecho de serlo (y no queremos poner cifras por temor a que aumenten de aquí a la publicación de este número, lo que tampoco sería extraño).

Si las mujeres avanzan, nuevas violencias las someten (lo intentan unas veces y lo consiguen otras). Pensemos en la tecnología que hoy permite que cualquiera sin formación especializada use técnicas que pueden convertir a cualquier mujer en protagonista de una película pornográfica, sin que ella ni de lejos imagine cómo o para qué se está usando su imagen. Y las mujeres siempre son vulnerables porque deben de demostrar su inocencia aun cuando el mundo entero haya visto con sus ojos la realidad, pues imaginemos lo que puede ocurrir cuando no hay más prueba que su palabra.

Se acabó, sí, se acabó, pero sin olvidar que todas las voces deben unirse, unas más altas, otras más bajas, siempre desde el respeto a las que apenas pueden susurrar porque se juegan la vida, el trabajo o la subsistencia de ellas mismas y de su familia. Y que la palabra de mujer sea respetada como merece.