Editorial

La sociedad española, como otras, sigue siendo tolerante con las violencias machistas. Aparentemente, todas las personas de bien están en contra, pero la realidad es que justifican en demasiadas ocasiones a los agresores, mientras juzgan y revictimizan a las víctimas, especialmente cuando no existen ojos morados o costillas rotas.

La violencia de género no se ve como un problema realmente importante, pese al alto número de mujeres asesinadas. Por otro lado, el negacionismo se mezcla con discursos intolerables cuando existen menores, poniendo los derechos del padre por encima del bienestar de las y los menores, culpabilizando a las mujeres cuando intentan proteger a esas niñas y niños del agresor.

Ya no podemos hablar de ausencia de información. Muchos medios de comunicación se han comprometido en la lucha contra las violencias machistas, informativos, cine, series de televisión, programas especializados, y otros, explican con claridad el dolor de las víctimas, las dificultades para denunciar y la actitud manipuladora de los agresores. Nadie está libre de sufrir la manipulación del maltratador, incluidas las familias y amistades de la víctima.

La profesionalidad de quienes intervienen en la protección de las víctimas desde el ámbito psicosocial y jurídico es fundamental para no causar más dolor o poner en riesgo a la mujer o sus hijas o hijos. Negacionistas de la violencia deberían ser apartadas/os de determinados ámbitos de intervención, pero también quienes actúan con prejuicios sobre las mujeres y/o justifican actitudes machistas.

La primera reflexión en este 25 N es que la actuación de toda la sociedad, y de las y los profesionales que intervienen para la protección y recuperación de las víctimas, debe darse con el máximo respeto a las mujeres, a su historia, a sus vivencias, a su dolor y a sus necesidades emocionales, económicas, de seguridad y de reparación. Ellas son las víctimas y sus hijas e hijos también. Y aunque nos pese, sólo con denunciar no se resuelve el problema, es precisa la intervención de profesionales de diversos ámbitos con una adecuada coordinación y políticas públicas para la reparación.